¿Quién fue Ana Filippi, nacida en Colombia y desgraciada en amores? ¿Qué fue de su vida y de su muerte? Viva y muerta, Ana Filippi no dejó de ser una andariega, una mujer militante y decidida. Fue también la más entusiasta animadora del Bar de Tlalpan, un refugio de exiliados latinoamericanos que, bajo el fragor de los tequilas, construyeron una amistad indestructible. Son esos amigos los que van a reconstruir el destino de Ana y su portentoso viaje post mortem cruzando el continente.
Novela coral de voces poderosas, que combinan lo íntimo y lo político, en una trama que avanza como piezas de rompecabezas: pequeñas partes que se entrelazan para darnos al final una imagen luminosa de personajes inolvidables: la propia Ana, su hija Simonetta, el escultor Leandro Vicálvaro, el despreciable Moresqui.
Sin pretender ser una novela policial, El bar de Tlalpan ofrece giros y descubrimientos prodigiosos. Hay un humor latente que aleja a los personajes de toda solemnidad. Hay también piedad, valientes gestos solidarios y la testarudez de los que no se rinden jamás.
Los diferentes narradores también dejan su huella, tanto verbal como ideológica. Silvia Maldonado construyó una novela que se abraza con la mejor narrativa latinoamericana, esa que hace del lenguaje una fiesta. Cada frase, cada página de este libro es un despliegue de cruces verbales de todo el continente. Hace de las variantes regionales una florida lengua común: gesto político y poético, ético y estético.
Narrar es recordar. El bar de Tlalpan es una novela que ahonda en el recorrido trágico de una generación. Es un ejercicio sutil pero lacerante de memoria, de duelo y, por qué no, de justicia. O de venganza, que a veces se parece a la justicia.
Sergio Olguín
Silvia Maldonado
nació y vive en Buenos Aires. Es antropóloga y lingüista egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de México, donde transcurrió su exilio tras el golpe de Estado cívico militar de 1976.
Pubicó las novelas El ícono de Dangling (Paradiso, 2007), finalista del Premio Clarín en 2006, y La bienaventuranza (Paradiso, 2009). Fue curadora del área de Letras de la Dirección de Cultura de la Cancillería Argentina durante más de dos décadas.
